Es la tartamudez un problema psicológico?

Publicado: 30 marzo 2010 de Argenis en Salud

Hemos visto la influencia de los factores psicológicos en la génesis de la tartamudez. Además, la tartamudez tiene una influencia enorme en la psicología de las persona. Contrariamente a lo que se suponía hace bastantes años, no es cierto que la tartamudez se deba a un problema psicológico subyacente. Hemos dicho que es la lucha contra el propio bloqueo lo que perpetúa el problema y, la mayor parte de las veces, los tartamudos no tienen otro problema, aparte de su tartamudez y sus consecuencias.

Porque ero el propio tartamudeo causa muchas dificultades y hace más proclive a quien tartamudea para que desarrolle problemas psicológicos.

En muchos casos se dan problemas de ansiedad social, que cursan de forma similar a otros trastornos de ansiedad, como la fobia social. La percepción del control es importante en nuestra salud mental, se sabe que su falta puede provocar depresión y que también aumenta la ansiedad. En la tartamudez suele existir una sensación de pérdida total de control asociada a no dominar una función esencial y cotidiana como es el habla. En mi experiencia clínica me he encontrado con personas que asociaban la pérdida de control del habla con la hipocondría, la depresión, etc.

Una gran lucha de las personas que tartamudean parte de no querer ser tartamudos. Se niegan rotundamente a aceptar esa limitación por sus connotaciones sociales y personales negativas. Cuando finalmente aceptan que lo son, se produce un alivio importante; pero no es una solución, porque si se tiene el concepto de “soy tartamudo” es porque se tartamudea sin remedio, y es difícil sustraerse a la lucha contra las consecuencias negativas de la falta de fluidez. Negarse a ser tartamudo favorece al problema, aceptarlo también; por eso, el trabajo terapéutico que hay que enfrentar en estos casos consiste en flexibilizar el concepto del propio YO para que no tenga ninguna importancia para la persona, para que llegue a ser lo mismo que ser calvo o miope, es decir, para que no marque ni dirija en absoluto la conducta de la persona. La terapia cognitivo conductual de tercera generación, en la que se incluye el “Curso Terapéutico de Aceptación”, permite afrontar esta ardua tarea. Como en los otros aspectos mencionados antes, en el curso se establece un programa de ejercicios para la flexibilización del YO. Se consigue así aceptar la imagen social sin entrar en la lucha que lleva obligatoriamente a tartamudear.

Fuente psicoterapeutas.com

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