¿Antes y después del partido?

Publicado: 15 junio 2010 de Argenis Carvajal en Salud, Sexualidad
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LARAZON.ES (POR A. JIMÉNEZ) Diariosalud.net

Con el coito el cerebro estimula la producción de testosterona, la hormona del deseo y la agresividad, lo que es útil para jugadores más agresivos y que corren riesgo de ser expulsados del partido.

Lo vio claro el entrenador holandés Rinus Michels cuando permitió a sus jugadores compartir alojamiento con sus respectivas parejas durante el Mundial del 74. Llegaron a la final, y aunque fueron derrotados por los alemanes, hicieron historia por partida doble. No sólo crearon un nuevo concepto de juego basado más en el movimiento que en la posición, sino que legitimaron el sexo «deportivo». Y pese a que para muchos ésta no sea una prueba científica de peso, lo cierto es que los expertos apuntan que las relaciones sexuales previas a una competición no resultan, ni mucho menos, un inconveniente para rendir en el terreno de juego. Todo lo contrario.

Según explica a este semanario Emmanuele Jannini, miembro del comité científico de la Sociedad Europea de Medicina Sexual y profesor del departamento de Medicina Experimental de la universidad de L’Aquila (Italia), «durante las relaciones sexuales el cerebro estimula la producción de testosterona, la hormona que activa el deseo. Pero es también la hormona de agresividad, lo que sería útil para determinados jugadores, especialmente los más agresivos y que corren el riesgo de ser expulsados del partido». Además, para este experto, la testosterona es un anabolizante natural. Por lo que «en vez de medicinas ilegales, practicando sexo se aumenta el rendimiento de los deportistas».

Fuerza «vital»
La terapeuta sexual y psicóloga estadounidense, Linda de Villers, también explica que «es un mito fisiológico perpetuado por los entrenadores y la ciencia. Está más relacionado con la creencia desacreditada de ciertas culturas para las que la pérdida de semen significa la pérdida «de la fuerza vital».

Y también va para ellas. Según un estudio que realizó junto a su equipo en más de 8.000 féminas con edades comprendidas entre los 18 y los 45 años, tras un intenso programa de ejercicio el 40 por ciento de ellas notaba una mayor excitación sexual y el 30 por ciento hacía el amor con más frecuencia. No obstante, algunos y algunas no entran en la lista de beneficiarios. «No se aconseja para deportes o jugadores que necesitan más concentración intelectual. En este caso se requiere más relajación», matiza Jannini. Por otro lado, una sesión sexual (en una escala normal) equivaldría a subir un par de pisos andando o caminar de forma rápida, por lo que el desgaste físico tampoco es para tanto.

Pero como no todos los entrenadores son como Michels, aquellos que quieren confiar en las bonanzas del sexo deben hacerlo ellos solos, aunque sin los mismos efectos. «La masturbación es eficaz para la próstata y la salud vascular, pero lamentablemente no para hormonas», concluye el científico de la ESMS.

En definitiva, en circunstancias normales no tiene efectos en la fuerza, resistencia u otra capacidad física de los atletas. Lo que sí puede tener es una vinculación psicológica. Para Enrique Cantón, psicólogo Coordinador Nacional del Área Profesional de Psicología del Deporte del Colegio Oficial de Psicólogos «se abusa de la explicación fisiológica, cuando lo que controla es la cabeza. Es cierto que la actividad sexual puede afectar a la concentración. También en algún caso podría ser una fuente potencial de conflicto si genera algún problema personal, lo que lógicamente afectaría al deportista». Y viceversa.

En el marco de las relaciones personales Cantón aclara que «si está estresado por la competición, puede que el sexo no sea satisfactorio y surja un problema que afecte al rendimiento». Para ello, es importante realizar una evaluación psicológica que permita identificar qué factores podrían alterar a cada jugador y enseñarle estrategias para controlar la ansiedad pre competitiva y ayudarles a mantener el foco de concentración».

Ante la duda y para evitar un «partidus interruptus» lo mejor es dar una tregua de al menos unas 24 horas sin revolver las sábanas antes de una competición.

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